lunes, 5 de marzo de 2012

capítulos 4 al 11


                                                    4 


Semana a semana, en casi dos meses, los fascículos de Armas de Hoy, así como llegaban a lo de Walter, así él los separaba para dárselos a Magda.
Es sabido que estas colecciones editan muchos números “uno”, para ver que demanda tienen, y edición tras edición, para el fascículo 3 o 4 sólo llegan a los quioscos los que confirman su reserva.
Walter ya recibía uno solo, el de ella, sin embargo, como el viejo faltó unos días por culpa de una gripe, el pibe que lo reemplazó, no sabía nada del regalo para Magda, y entonces, al no pagarlo, la colección se cortó ahí.
Ya desde el número 5 debía conseguirlo –y pagarlo, claro- en otro quiosco. No le importaba demasiado destinar plata que debía ser para comida, en esa revista, porque a esta altura, ya lo estaba tomando como un desafío personal, como una carrera universitaria.
Y numero a numero aprendía más y más. Y desde hacía unas semanas, Nacho también la leía.
Pero el número 8 no lo pudo conseguir.
No es que estaba desesperada por la colección como tal, porque no era la continuidad sino por algo anunciado en el número anterior, que, a modo de avance, prometía:

“EN NUESTRO PROXIMO NUMERO, LAS CLAVES PARA QUE USTED ESTE CON ARMAS DE HOY EN LA “MEGAMUESTRA INTERNACIONAL EXPOGUN 2008”.
LA EXPOSICION MAS COMPLETA JAMAS VISTA.
PREPARESE, EN EL PROXIMO NUMERO, EL CUPON PARA QUE VENGA CON NOSOTROS DONDE SERÄ NUESTRO INVITADO DE HONOR.
LOS QUE SABEMOS DE ARMAS, VAMOS A ESTAR AHÍ”





                                                   5    


-Florida  538, si, es acá…subí vos sola…

En la puerta de la editorial, Nacho se echaba atrás. No se sentía cómodo en ese lugar, ni tampoco en esa calle, ni en el centro de la ciudad. En cambio Magda se había arreglado para ir ahí, con lo poco que tenía: jeans muy ajustados, remerita sin mangas y sin corpiño, y el pelo suelto…con casi nada de maquillaje.

-Está bien, maricón, subo yo. Vos esperame acá, y no te vayas, pase lo que pase.

En el cuarto piso de ese antiguo edificio reciclado,  la puerta  de madera había sido reemplazada por un blindex gigante. Allí en la pared del frente, tenía escrito el nombre de la editorial con letras plateadas y los logos de las distintas revistas que editaban, que no eran más de tres o cuatro.
Ya adentro, una rubia muy de plástico, figura obligada en un lugar así, con chicle en la boca la recibió de mal modo:

-¿Qué querés, nena?
 -Venía porque no conseguí en numero 8 de Armas de Hoy y en el quiosco me dijeron que….

Ahí mismo, un hombre saliendo violentamente de una oficina, muy nervioso, interrumpe sin siquiera notar que había alguien en la recepción esperando.

-Marita… ¿Qué te dije de cancelar con Bronson? ¿No me escuchas cuando te hablo?  Te lo dije ayer y antes de ayer…ahora lo tengo al tipo en el celular y….


Un extraño impulso hizo saltar a Magda:


-Perdón, ¡esta chica me estaba atendiendo a mi!
Yo venía solamente a…
-¿Porqué encima dejás entrar a cualquiera? Cada día peor vos, Mara! Y vos andate, querida, acá es un lugar de gente importante… ¡Calle!  ¡Calle! ¡Dale! ¡Rajá! ¿No oís?


Magda se sintió mal, ofendida. Pensó en dar media vuelta e irse, pero también creyó que no merecía ese trato:


-Yo no me voy nada, pedazo de pelotudo, y a la pobre dejá de insultarla, tan ¿cómo dijiste? ¿gente importante? ¿tratás así a la chica? ¿Sabés que? ¿Por qué no te vas un poco a la mierda?


Ante tremendo griterío, apareció un hombre de uniforme, con cartelito bordado que decía “seguridad” arreglándose el cinturón, disculpándose:


-Estaba en el baño, perdóneme señor Óscar
-Dale, agarrála a esa y llamá a la cana- vociferó el tipo de unos cuarenta años, de traje y corbata.


Magda, que estaba a punto de arrojarle un pisapapeles al tal Óscar, declinó la idea, asustada

-¡No, a la yuta no!


Ella no había tenido problemas con la policía, pero el recuerdo de las veces que habían aparecido en su casa de Villa Dominico para buscar a su hermano, en medio de la noche, la atemorizó.


-Ok, ok, está bien, no los llamo, pero me parece que me vas a tener que explicar unas cositas…no suelo ver nenas tan violentas…


Óscar, que en realidad les pedía a todos que le acentúen el nombre en la O, sin mucho éxito, no hubiese llamado jamás a la policía: él estaba marcado y no podía arriesgarse a ser sospechoso de algo, después de lo que le costó salir de la cárcel la ultima vez, sobre todo que últimamente estaba dando una imagen mas “correcta” como empresario editorial.
Hizo pasar a  Magda a un privado elegante, con un plasma  en un extremo, y una pequeña barra en la otra punta, con vasos y un par de botellas de whisky. No había ventanas y tenía una muy mullida alfombra.
Ella miraba con asombro una pared llena de armas, todas con sus descripciones en tablitas de madera lustrada con pequeñas chapitas de bronce por debajo. Tres teléfonos sobre la mesa y el control remoto del televisor.
Cuando se sentaron, él le ofreció un trago que ella rechazó.


-¿Cómo es que una linda nenita como vos, entre así como así a mi oficina?
-¡No!  Solo buscaba el número 8 de Armas de Hoy…y vos, de manera muy forra…
-¿Perdón?
-Perdón  las pelotas, te digo que de manera re forra ni me viste, y la chica me estaba atendiendo…mal, horrible te diría, pero me estaba atendiendo…
-¿Vos me estás diciendo que semejante quilombo es por un fascículo de la revista?
¿Tanto despelote por eso? ¿Qué? ¿Es para tu papá, o para tu novio?
-No, mierda,… es para mi!!


Ahí mismo se dio cuenta que había dicho algo políticamente incorrecto. Trató de absorber las palabras del aire pero fue imposible. Una mujer y las armas no son algo bien visto, salvo en las tapas de esas revistas…


-Te digo que es para mi… para mi…para mi hermano, ¡eso! Que está abajo, esperándome, y si tardo mucho va a subir a cagarte a trompadas… ¡mejor me voy!
-Pará, pará, pará…es obvio que la revista es para vos, no soy taaaan boludo…contame: ¿te gustas las pistolas, los revólveres? ¿Tirás? ¿No traés una ahora, no? –dijo aumentando el volumen de la voz, asustado-.
-No, no tengo nada, mirá - Decía al tiempo de darse vuelta los bolsillos, evidenciando que en realidad no solo no llevaba arma alguna sino que los tenía absolutamente vacíos.
-En realidad me empezaron a gustar con la revista. Walter, el tipo del quiosco que me la guardaba al principio, me dijo que acá podía conseguir el  numero 8.
-Ajá… ¿y vos lo que querés es ir a la expo?
-Si, pero si jodo me voy a la mierda y se meten la revista y su exposición en fondo del orto…
-Tranquila… ¿Cómo te llamás?
-Magdalena, pero me dicen Magda.
-Magdalena...mirá vos…creo que se me está ocurriendo algo…
 ¿Trabajás? digo, ¿algún lugar que ahora te están esperando, o donde te paguen algo, sueldo, o eso?
-Soy doméstica en una casa, me da plata y algo de comida a veces…o ropa vieja…
-Bueno, yo te ofrezco…a ver… ¿te parecen bien cinco lucas por unas horas a la semana?
-¿Que?! ¿En serio me está diciendo eso? ¿Cinco mil mangos? No me joda…si soy una bestia yo… nunca vi tanta guita junta…pero, espere, ¿Qué tengo que hacer?
- Primero te digo que si, que es en serio…tranqui Male.
-MAGDA!
-Ok, perdón, perdón “MAGDA”…conocía una Magdalena que le decíamos Male…Tomá mi numero de celu., llamame mañana… ¡no!  Mejor veníte directamente y nos vamos de compras y te explico todo. Te espero acá a las 10, ¿dale?


Cuando Magdalena bajó, Nacho estaba sentado en el cordón. La vio y no aguantó:


- ¿Y la revista? ¡No ves que vos sos una boluda al final!





                                                  5


-¿Linda yo?, dejate de joder…

Magdalena descreía de cada palabra que escuchaba de Óscar.

-Vos, o querés garcharme o…no sé….que te haga algún trabajito…., pero linda….no.

Estaban en una de las tiendas más grandes de la ciudad. Allí el nuevo “jefe” era un habitué. Muchas veces iba con sus chicas para ponerlas a punto antes de alguna cena, reunión o conferencia de prensa.

-Pero que tal, señor  Óscar… ¿tenemos amiguita nueva?- se animó a consultar el gerente del salón.
-Mucho más que eso, Emilio, mucho más.
-No me diga que encontró la persona que tanto buscaba….
-Algo así, y  creo que si no lo es, estoy muy cerca, -contestaba al tiempo que miraba a Magda de manera intrigante.-

Increíblemente Magda se tragó la andanada de puteadas que tenía a punto de brotar de su boca. Hizo un silencio como contando hasta diez, inventó una muy falsa sonrisa y se animó a pedirle a Óscar  un minutito a solas.

-Me vas a explicar que carajo hago acá: me siento incómoda, observada…esas forras me miran como si fuera un bicho raro….y vos encima me decís linda…me quiero ir…
-Pará, ¿otra vez igual que ayer…?  Aguantá un cachito y te explico…después vos decidís si querés quedarte o irte, ahora se buenita y, se que te va costar, pero probate la ropa, los vestidos que las chicas te van a ir dando, ¿dale?

Refunfuñó un poco pero cierta fantasía de las tapas de las revistas de moda del quiosco de Walter, aunque mínimamente, le tentaban. ¿Cuándo tendría una oportunidad similar? Tinelli jamás la llamaría a bailar a la tele.
Se probó 3 prendas, todos vestidos muy llamativos, uno de ellos muy corto, que Magda se encargaba de estirárselo a la fuerza:

-¡Pero con este se me ve todo el culo! -reaccionaba sin ningún miedo a ser escuchada en todo el salón.-

Cada uno tenía que pasar el visto bueno de Oscar…que terminó eligiendo uno de los largos, con un gran tajo de costado y sin breteles, rojo intenso.
Después de firmar algún papel, salieron juntos de manera brusca.

-¿Vos no me estarás tratando de puta? ¿Qué es lo que querés que haga con este vestidito de mierda? No sé por que se me ocurrió venir a buscar ese fascículo chorongo hasta acá…al final mi viejo tiene razón, soy una pelotuda. Y mirá que para que yo le de la razón a mi viejo, la mano debe ser jodida, eh?
-Calmate, no te voy a hacer putañar, ni me voy a aprovechar de vos…además, aunque quisiera, con tu carácter, querida, me darías un voleo en el orto cuando quisieses….solo ofrecerte  una oportunidad para…¿salir de tu rutina…? y que juntos hagamos negocio, o mejor dicho, negocios…muchos. Tenéme fe, o paciencia….como quieras.






                                                  6



-¿Dónde está esa pendeja de mierda, decíme Nacho? ¿Donde? Vos sabés… Antunez los vio en el centro, juntos, boludeando por ahí en vez de estar acá: no se dan cuenta que estoy enfermo…son unos hijos de puta al final…no sé para que tiene hijos uno…

-Papa, dejate de hacerte la víctima…no estás enfermo, Magda tiene razón, al final.
-¿Qué te dijo? ¿Con que te está llenando la cabeza?
-Nada che, pero vos no estás enfermo, estás tomando mucho, nada más…te vas a morir si seguís así, pero no querés entender…
-Calláte y dejáme hacer mi vida, eh?

Desde afuera se escuchaba el griterío, y más aún cuando Magda abrió la puerta para entrar.

-Uy  Dios!, otra vez lo mismo…una llega a casa para encontrar el amor y la paz del hogar ¿para esto…?
-¿Volviste? ¿Donde estabas? Acá en el barrio la gente anda diciendo cosas de vos…
-¿Ah si? ¿Los mismos que dicen que podrías trabajar para mantener a tus hijos? ¿Los mismos que te dicen borracho?  Mirá, apenas pueda irme de esta mierda, me voy, así que me importa un carajo lo que digan los demás,… y vos Nacho, tengo que contarte algo… vení para afuera.

El padre, como pocas veces le había pasado, se quedó sin palabras. Si bien Magda era difícil, nunca le había parado el carro así, hasta con clase, se diría. Dio media vuelta, los espió por entre las chapas de la casilla y sintió ahí que estaba perdiendo a su más ferviente cómplice: Nacho.






                                                  7


La historia del papá de Nacho y Magda no tiene nada que ver con el presente que le tocaba vivir. Él, aunque sea difícil de creer, es un ingeniero electrónico recibido en La Plata. Rebeldías de adolescente prodigio, que recibió el diploma a los apenas 21 años, y que por malas influencias empezó a trabajar inmediatamente en una multinacional con muchos privilegios que una empresa, con zonas oscuras, pudo darle.
Se le subieron muy rápido los humos cuando le dieron un importante cargo en Sudáfrica, sin saber que en realidad iba a ser el chivo expiatorio de una colosal estafa.
Los planos que presentaba de ideas innovadoras eran aprobados a la velocidad de la luz, jugosos presupuestos le eran autorizados de palabra, sin mediar contra alguna, y encima disfrutaba de lujos exclusivos en su vida particular.
Semejantes beneficios le hicieron desconfiar a todos los que lo conocían muy bien en Buenos Aires, pero su soberbia lo cegaba…Mujeres, autos último modelo, cenas en lugares inimaginables eran cosas de todos los días.
Hasta que una tarde, allá en Ciudad del Cabo, todo terminó.
Allí encontró la muerte.







                                                  8


Óscar le explicó hasta con detalles mínimos lo que ella debía hacer.
No era nada complicado, pero no terminaba de comprender

-¿Cómo que no entendés? Te ponés el vestidito, te maquillás, o le digo a Pato que te maquille, te acercás a Fergusson, y simplemente le pedís fuego, que te vea….así….y el resto de la noche la  pasás bien en la expo…¿ok?
-Pero no vas a decirme que eso es todo para que me dés seis lucas, eso es muy extraño…
-Primero, te dije cinco, y en realidad para cobrarlas te tengo una segunda parte…y eran cinco, no seis… ¿entendiste? no te hagas la viva.
-Ok, y ahí es donde me embocás, en la segunda parte, donde me tiras al río o algo así…
-No boluda, no…hay cosas que todavía no puedo explicarte, pero para decirte algo más, te digo que ese Fergusson se va  a volver loco por vos…y si sos lo suficientemente putita, y ojo, lo digo como si dijera, turra o hábil, o viva… si lo sos,  al tipo le sacamos hasta lo que se te ocurra…ponéle onda…tal vez todo lo mío no sea supertransparente, lo reconozco, pero algo de legal, tiene…
-Mirá, no soy precisamente muy creyente que digamos, pero voy a rezar para que por esto no sea boleta…tengo muchas ganas de salir de la mierda….y soy tan estúpida que lo busco enterrándome mas…





                                                  9


-Ese es el tipo…andá!


La exposición Armas de Hoy era un ámbito muy exclusivo, donde el visitante sabía de que se trataba. La entrada era rigurosamente controlada porque el acceso a esta tecnología era para sectores elitistas. Las únicas que no entendían nada de nada eran las promotoras, todas mujeres radiantes, enfundadas en conjuntos sexys para ayudar a la venta de los productos. Entre todas ellas, Magdalena se destacaba. Era una belleza más natural, y a pesar de la falta de experiencia, acaparaba miradas de todos lados.
Torpemente se movió en unos tacos extremadamente altos para ella, y acompañándolo con gestos exagerados pero insinuantes, disimuló su ignorancia de ser “femenina”.
Se acercó, le pidió fuego justo cuando salía del auto que lo traía.
Y él se quedó mirándola embelezado, con curiosidad….le encendió el largo cigarrillo, y le preguntó el nombre.
Esto sorprendió a una chica que no tenía mayores instrucciones, y en vez de contestar, se dio vuelta como buscando ayuda, en una especie de:  “¿Qué digo?”
Fergusson entendió eso como un gesto que certificaba que ella había sido enviada.
Allí confirmó entonces que Óscar tenía algo que ver….Magda no entendía nada, se asustó y echó a correr, entrando en el salón donde la exposición de la revista Armas de Hoy apenas empezaba.
Se metió en un baño, suspiró unos instantes y salió al encuentro de Óscar, que ya estaba atendiendo a otros invitados, quien al verla venir hacia él, improvisó una elegante presentación:


-Perdón, quiero que conozcan a la que será en breve, la persona más importante de la nueva etapa de la empresa: se llama Magdalena  y su apellido es…es… ¡increíble mi amor!, te veo tan linda que se me nubla la mente y hasta se me olvidó tu nombre completo.


Algunos rieron, y otros no se percataron del detalle, sorprendidos por el afecto que él le brindaba con sus palabras.
Magdalena estaba realmente linda, el vestido, casi como un guante de lycra  le resaltaba las formas justas hasta con lujuria, los pezones se le marcaban como dos grandes monedas, y la cola se adivinaba como si la tela fuese transparente…ella recién allí fue consiente de los efectos que producía su cuerpo…su pelo, desprolijo porque no permitió terminar el trabajo del estilista, no le quedaba mal, y hasta le agregaba una cuota de gesto felino.


-Magdalena, a secas…los apellidos involucran padres y madres, y yo soy yo, por mí…y por nadie mas….


Produjo un silencio muy particular dentro del infierno sonoro del salón…todos alcanzaron a mirarse entre ellos y cambiar el rumbo de sus miradas.


-¿Si me disculpan…?  -alcanzó a decir Óscar mientras se la llevaba  del brazo hacia un apartado-.Muy bueno eso del apellido, pero sí te voy a pedir que actúes con más diplomacia, estas personas son mi futuro, o como les dije a ellos, nuestro futuro, si trabajamos juntos.







                                                 10


Si alguien no entendía nada de esta nueva etapa de Magda,
era Nacho.
Más allá de las explicaciones detalladas de su hermana, él era más de obedecer que de razonar. La idea de un cambio lo atrapaba pero lo de cortarle el rostro a su padre lo atemorizaba.
El lo protegía, más allá de los sopapos que le daba, “te pego porque te quiero” era común escuchar en esa dolorosa relación. Sin embargo estaba embelezado de su sabiduría cuando había alguna consulta matemática, donde el papá respondía enseguida, y entonces Nacho le preguntaba como era que sabía tanto…
“cualquiera que lo piense un cachito lo saca” decía.
Allí era casi una constante que el papá, dejando lo que estaba haciendo bajase la cabeza y disimuladamente oculte alguna lágrima de frustración.
Nacho había empezado a creer más en su hermana y su nuevo proyecto de vida a partir de que ella le mostró el vestido, y sobretodo, cuando veía el  montón de cosas ricas que compraba en el supermercado.


-¿En serio te pagan ese paquete de guita? ¿Y les hablaste de mí? ¿Mirá que yo puedo serles útil?
-Ya se, Nacho…ya sé…aguantá.




                                                 11


Magda en su soledad, que encontraba ahora en un lindo barcito del centro, cerca de la editorial, y donde nadie la molestaba, empezó a pensar en un tema que antes no se le había presentado: su relación con Óscar.
El, como todo hombre con poder y con una evidente posición de sentirse un Pigmaleón, dándole vida a su creación, no había sido aún directo con Magda.
Ella, con tantas experiencias negativas como adolescente,
donde lo que sabía del sexo era solo una enseñanza machista violenta y nada romántica, sentía que Oscar, con sus gestos interesados aunque dulces, le transmitían “cosas”.
El hecho de no saber mucho de ser femenina la motivó para investigar. La mujer que habitualmente la maquillaba y le sugería que ponerse y que no, le terminó cayendo bien.
Así haciéndose la distraída en una de esos encuentros previos a las reuniones, tiró una frase que Pato, tal como la llamaban, no pudo evitar contestar.

- Que cosa esto de arreglarse y arreglarse…acaso cuando un tipo se decida a metérmela, ¿le va a importar el color de mis uñas?
-De la manera que lo decís parece que… ¿vos me estás diciendo que todavía no….? ¿En serio?  Yo me re imaginé que con Óscar ya habías estado… ¡no te puedo creer!... ¿vos nunca, nunca…a ver…nunca tuviste sexo?
-Bueno, nunca nada, no –intentó mentir- …bueno, si…no lo grites por ahí, pero nunca hice nada.


Pato comenzó a reír, ante una cara inédita de Magda, que se estaba arrepintiendo de haber sido tan confiada.


-Perdoname loca, no me río de vos…me río de la calentura que debe tener Óscar, que todavía no se te tiró encima. Me parecía que estaba distinto con vos, pero  imagináte, se ha cogido todo lo que tenga agujero, y sin embargo, con vos, ¿nada?
-Bueno, tampoco es para tanto, soy chica todavía, cortala…y vamos que se hace tarde…y por favor, bancame: no digas nada a nadie de esto.
-Confiá en mí. Y lo más importante, preparáte que acabás de contratar  a una maestra de lujo, mi estimada.
-Mirá que yo no te pedí nada, eh? 

sábado, 3 de marzo de 2012

La Clave de la Vida -----Mi primera novela

                      LA CLAVE DE LA VIDA.


                                              Por Jorge Laplume.


                                                      
                                                                    
        
                                                       CAPITULO 1


No era fácil la vida de aquella niña mujer.
En un ámbito tan machista, desarrollar su instinto de superación le costaba hasta tres veces más que a los varones.
Y eso de tres veces más no era un número al azar, pues ella llevaba su propia estadística: lo que Nacho conseguía al primer pedido a su padre, a ella le costaba habitualmente tres intentos.

Eso, sin duda, la marcó para el futuro que le venía: meterse donde “no debía acercar la nariz una mujer”.
Magdalena, (ya su nombre le signó lagrimas incontenibles) no era conciente de ese clic en su rutinaria vida, de insistir hasta conseguir.
Tal vez la mañana en que su padre, a diferencia de todos los días, no la despertó para exigirle el mate y las galletitas, comenzó el cambio.
La noche anterior, como era habitual los martes, los hombres que lo conocían, se reunían a tomar vino hasta desmayar.
Eran costumbre las risotadas de borrachos abandonados a la vida, seguidos de llantos inconsolables.
Una partida de truco era la excusa como si la necesitaran, y algo parecido a una desabrida polenta, para “bajar el vino”, como decía el negro Antunez.
La melancólica y deprimente juerga terminaba cuando el padre veía que los que  “a punto de dormirse en el suelo” eran más de la mitad.
Recordaba Magdalena el triste espectáculo de los miércoles de invierno, a la mañana, donde por el frío exterior nadie se iba antes del mediodía, y ella debía pasar por su propia casa esquivando cuerpos dormidos.
Tal vez, alguno de esos días, ya su cabeza exploraba cambios.
Odiaba ser mujer.
Odiaba la estúpida condición masculina del chiste soez y la ordinaria intención que ellos tenían de tocarla. No toleraba ya ni un beso de su padre.
Sin embargo en su interior, también gracias a los libros que lograba esconder, imaginaba que un mundo mejor era posible.

Ese día que su padre no la despertó, creyó primero que había muerto. Hizo un silencio total y absoluto en su colchón tratando de escuchar, inmóvil, algún movimiento o resoplo para confirmar o descartar su primera teoría.
Un medio ronquido la ubicó en la realidad:
Estaba vivo.
Y allí tuvo una gran contradicción: ¿estaba feliz o triste?
Le dolió algo dentro. No podía desear la muerte de su padre ni de nadie, pero también pensó que si llegado el caso hubiese ocurrido, algo cambiaría.
Precisamente en ese instante, decidió que el cambio no podía esperarlo del cosmos o del exceso de vino barato. Pensó en silencio que si el abuso etílico de los martes a la noche no lo mataba, podría matarlo ella partiéndole una botella en la cabeza, una y otra vez hasta confirmar que no respirase.
Y rió.

Quizá la idea no le pareció tan descabellada. Intuyó como serían los momentos posteriores y no le gustó: La policía, los amigos del padre, los parientes de la madre, que de muy mala gana, sólo aparecerían para sacar algún provecho, y ver de llevarse algo, por más pobreza que allí sobrara.

Su hermano era un año y medio mayor que ella, y mucho más alto y corpulento.
A veces ese cuerpo fornido de cargar bolsas de cemento o ladrillos le permitió desmayar a Magda, de un cachetazo exagerado.
Una vez, incluso, le fracturó la mano izquierda, que aun hoy muestra una marca visible por una defectuosa soldadura sin yeso.






                                                   2


Contrariamente a lo que pueda imaginarse, Magda, fuera de casa era vivaz.
No le gustaba dar lástima, ni que el mal rato que era estar entre esas cuatro paredes, o chapas, en realidad, la atormente  todo el día.
Le costaba, claro. Pero se notaba el esfuerzo en su rostro y en su postura corporal.
La cara le cambiaba a la vuelta de la esquina. Y no era una manera de decir. Para bien, cuando se iba a trabajar como empleada domestica, y para mal cuando volvía… todo en esa esquina.

Y no era una esquina cualquiera. Era la esquina del quiosco.

Así  como tantos ven la posibilidad de nutrirse gracias a bibliotecas, viajes o buenos colegios, ella veía en ese quiosco otro mundo. El de las chicas lindas exitosas de Gente o Caras, y el de los mundos diferentes de las enciclopedias en fascículos.

Walter, el quiosquero, era un viejo de unos sesenta y pico de años, que tenía un especial afecto por Magdalena. Era un quiosco de los típicos de Buenos Aires, verde, con muchas puertas para cerrarlo bien de noche. El tipo le decía a Magdalena que le hacía acordar a su nieta y por eso tenía privilegios con ella, como el de permitirle hojear las revistas apenas llegaban.

Todos los días, casi a la misma hora, el banquito de Walter dejaba su función de asiento para apoyar allí el atado de las revistas recién llegadas. Era ahí donde, con un guiño cómplice, le dejaba revisar lo que había llegado, incluso antes de que el viejo cotejara si estaba todo el pedido, tildando en una hojita con una cuadricula, lo que había recibido en esa entrega, aún así renunciando a cualquier reclamo posterior por si algo de lo facturado no se le hubiese entregado.

Y no fue esta vez ni las fotos del verano ni las maravillas de los mundos desconocidos lo que le llamó la atención. Era normal allí escuchar una frase repetida: “Abuelo, si hoy no la vende, ¿me la puedo llevar esta noche?, la veo en casa y mañana se la devuelvo.  Ni se la arrugo, se lo juro…”

Hoy abrió sus ojos y su boca inmensamente grandes por una colección que ese día era lanzada: “Armas de Hoy”.
Se extrañó. ¿Era la chica de tapa, una rubia muy de cine, la que le llamó la atención? ¿O el Mágnum X32 que portaba a modo de juego de seducción?
¿O el conjunto de ella con el revolver?

Su escasa educación no fue poca para que le impida pedirle a Walter “esa” revista.  Algo le decía que quedaba mal. Pero casi al tiempo que la mezclaba entre otras, escuchó “si querés, llevála…yo no digo nada, esa revista, acá, nunca estuvo…”
Sin mirarlo al quiosquero, con la cabeza gacha, la guardó silenciosamente en su mochila, y apenas un “cha!” sirvió tanto como despedida y agradecimiento a la vez.

La jornada en la casa que limpiaba se hacía eterna. ¿Sentirán esto los chicos del barrio cuando le afanan a Walter una revista de minas en bolas, y no ven la hora de encerrarse para mirarla solos, y vaya  a saber que cosas hacer?...pensaba.
Apenas pudo, aprovechó los 15 minutos para comer hojeándola al menos por arriba. Nunca había visto un arma tan de cerca, con fotos tan grandes, y su cabeza empezó a volar.
La doble página central era un poster, presentando un modelo nuevo, un par de recuadros se dividían con opiniones a favor y en contra. Los que la elogiaban destacaban su versatilidad, eficacia y le escasa necesidad de conocimiento en armas para sacarle el máximo provecho. Los que la defenestraban hablaban de que siendo tan práctica y económica, llevaría al mundo a un sinfín de asesinatos domésticos

¿Domésticos?, pensó….





                                                   3  


-¡Che, estúpido!  ¡A vos te estoy hablando! ¿Donde está la tarada de tu hermana?  Ya es la hora de comer y la idiota no aparece….
Andá a buscarla, hacéme el favor, ¿querés?, debe estar putañando por ahí, pendeja de mierda…

No era la primera vez que ella se demoraba. Mal que le pesaba, trataba de evitarse el odioso carácter de padre, que llevaría todo a un inacabable sermón con gritos e insultos histéricos incluidos, seguramente algún cachetazo, y posteriormente más vino en la sangre del violento.
Pero a veces el retraso era inevitable.
Razones reales como la demora del colectivo, algún piquete, o hasta charlar en la esquina con Judith, la hija de la fiambrera, no aplacaban el enojo del padre en horas de la comida. Más de unas vez Nacho la fue a buscar y, medio desobedeciendo la orden y otro poco, poniéndose en el lugar de ella, intercedía para evitar el caos de retos y castigos.

Nacho también lo hacía por interés: estaba enloquecido con Judith, que como no mostraba nada de atención por él,  pensaba que su hermana podría ayudarlo a lograr algo.

Más allá de este favor que él le pedía, Nacho y Magda no eran de contarse demasiadas intimidades. Ella veía en él un pichón de su padre, quien estaba haciendo un curso veloz en “Gritos y Violencia Familiar”. Lo creía enfermo sexualmente simplemente por que más de una vez lo descubrió masturbándose con alguna revista que traía a escondidas.

A él, ella le intrigaba: le llamaba la atención que era mujer, y que soporte muchas cosas, a veces más que si fuese hombre, cuando las enseñanzas recibidas le enseñaron que ellas eran las débiles, lloronas e inútiles. En definitiva, le tenía una extraña mezcla de respeto, curiosidad y miedo.

Sin embargo, esa noche, después de lo que fue una especie de cena recalentando comida de otro día, cuando escucharon los primeros ronquidos de su padre, Magda quiso hablar.

- Che, ¿ya te dormiste?
-Mmmmmnnnooo… ¿Qué querés? Levantate vos a abrirle al Chanchu, yo ya le puse agua afuera…
-No boludo, quería preguntarte algo…
-Mmmqué?
-¿Vos estás contento con esta vida?... bah! yo diría vida de mierda, pero, no…vos decime: ¿estás contento, no sé, feliz?
-Uy loca… ¿Qué te pasó? ¿A que viene esto ahora? Tengo sueño…y si es por algo que te contaron, te juro que hace como tres meses que no choreo…
-No, no...No hablo de eso. Digo si no te pasa alguna vez, una vez aunque sea por la cabeza lo de estar mejor, salir de acá, de esta chotada…no sé, no te digo estudiar, por que ni vos ni yo podemos pasar ni cerca por la puerta de un colegio, pero algo…
-Y si…a veces cuando afano…quise decir, cuando afanaba, me imaginaba tener guita bien, sin tener que pensar que esa es la única para nosotros. Y enseguida me imaginaba un auto lindo, comer rico, pero rico rico en serio, y garcharme a una de esas minas de la tele, ja, ja  ja…pero después…ahí me daba cuenta que la única es la mía, revender un estereo, y cosas así, y, si,  que después el viejo me cague y me saque la guita y listo.
-¿Ves?  Eso te digo… ¡yo también estoy podrida de esto! Ayer, cuando no se porque no se despertaba, pensé que se moría… ¡y no me puse triste!
-Pará loca, pará…si el viejo se muere, yo…yo…no sé…el es, el es….
-Nada, él no es Nada, Nacho. NA-DA.
-Pero esta casa la hizo él…
-¿Casa? ¿A esta pocilga le decís casa? Cuatro chapas, piso de tierra, y afanarle la luz a los Gomez.
- La luz y el cable. Y si…eso es verdad… ¿y que pensabas hacer? ¿Matarlo? ¡Ja!
-Si.


Nacho vio en ella una mirada que nunca le había visto: equilibrio perfecto entre frialdad y odio.


-Eso si,  Nacho…en esta me tenés que ayudar.


El no sabía que decir…  tenía miedo que fuera tan real como parecía, sin embargo su parte interna, la del espíritu violento, lo disfrutaba.


-¿Cuál es el plan?


Bastó para preguntarle así, para que ella se incorpore en el colchón como un resorte.


- Todavía no sé, pero si sé que tenemos que hacerlo muy bien, organizadamente.