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Semana
a semana, en casi dos meses, los fascículos de Armas de Hoy, así como llegaban
a lo de Walter, así él los separaba para dárselos a Magda.
Es
sabido que estas colecciones editan muchos números “uno”, para ver que demanda
tienen, y edición tras edición, para el fascículo 3 o 4 sólo llegan a los
quioscos los que confirman su reserva.
Walter
ya recibía uno solo, el de ella, sin embargo, como el viejo faltó unos días por
culpa de una gripe, el pibe que lo reemplazó, no sabía nada del regalo para
Magda, y entonces, al no pagarlo, la colección se cortó ahí.
Ya
desde el número 5 debía conseguirlo –y pagarlo, claro- en otro quiosco. No le
importaba demasiado destinar plata que debía ser para comida, en esa revista,
porque a esta altura, ya lo estaba tomando como un desafío personal, como una
carrera universitaria.
Y
numero a numero aprendía más y más. Y desde hacía unas semanas, Nacho también
la leía.
Pero
el número 8 no lo pudo conseguir.
No
es que estaba desesperada por la colección como tal, porque no era la
continuidad sino por algo anunciado en el número anterior, que, a modo de
avance, prometía:
“EN
NUESTRO PROXIMO NUMERO, LAS CLAVES PARA QUE USTED ESTE CON ARMAS DE HOY EN LA
“MEGAMUESTRA INTERNACIONAL EXPOGUN 2008” .
PREPARESE,
EN EL PROXIMO NUMERO, EL CUPON PARA QUE VENGA CON NOSOTROS DONDE SERÄ NUESTRO
INVITADO DE HONOR.
LOS
QUE SABEMOS DE ARMAS, VAMOS A ESTAR AHÍ”
5
-Florida 538, si, es acá…subí vos sola…
En
la puerta de la editorial, Nacho se echaba atrás. No se sentía cómodo en ese
lugar, ni tampoco en esa calle, ni en el centro de la ciudad. En cambio Magda
se había arreglado para ir ahí, con lo poco que tenía: jeans muy ajustados,
remerita sin mangas y sin corpiño, y el pelo suelto…con casi nada de
maquillaje.
-Está
bien, maricón, subo yo. Vos esperame acá, y no te vayas, pase lo que pase.
En
el cuarto piso de ese antiguo edificio reciclado, la puerta
de madera había sido reemplazada por un blindex gigante. Allí en la
pared del frente, tenía escrito el nombre de la editorial con letras plateadas
y los logos de las distintas revistas que editaban, que no eran más de tres o
cuatro.
Ya
adentro, una rubia muy de plástico, figura obligada en un lugar así, con chicle
en la boca la recibió de mal modo:
-¿Qué
querés, nena?
-Venía porque no conseguí en numero 8 de Armas
de Hoy y en el quiosco me dijeron que….
Ahí
mismo, un hombre saliendo violentamente de una oficina, muy nervioso,
interrumpe sin siquiera notar que había alguien en la recepción esperando.
-Marita…
¿Qué te dije de cancelar con Bronson? ¿No me escuchas cuando te hablo? Te lo dije ayer y antes de ayer…ahora lo
tengo al tipo en el celular y….
Un
extraño impulso hizo saltar a Magda:
-Perdón,
¡esta chica me estaba atendiendo a mi!
Yo
venía solamente a…
-¿Porqué
encima dejás entrar a cualquiera? Cada día peor vos, Mara! Y vos andate,
querida, acá es un lugar de gente importante… ¡Calle! ¡Calle! ¡Dale! ¡Rajá! ¿No oís?
Magda
se sintió mal, ofendida. Pensó en dar media vuelta e irse, pero también creyó
que no merecía ese trato:
-Yo
no me voy nada, pedazo de pelotudo, y a la pobre dejá de insultarla, tan ¿cómo
dijiste? ¿gente importante? ¿tratás así a la chica? ¿Sabés que? ¿Por qué no te
vas un poco a la mierda?
Ante
tremendo griterío, apareció un hombre de uniforme, con cartelito bordado que
decía “seguridad” arreglándose el cinturón, disculpándose:
-Estaba
en el baño, perdóneme señor Óscar
-Dale,
agarrála a esa y llamá a la cana- vociferó el tipo de unos cuarenta años, de traje
y corbata.
Magda,
que estaba a punto de arrojarle un pisapapeles al tal Óscar, declinó la idea,
asustada
-¡No,
a la yuta no!
Ella
no había tenido problemas con la policía, pero el recuerdo de las veces que
habían aparecido en su casa de Villa Dominico para buscar a su hermano, en
medio de la noche, la atemorizó.
-Ok,
ok, está bien, no los llamo, pero me parece que me vas a tener que explicar
unas cositas…no suelo ver nenas tan violentas…
Óscar,
que en realidad les pedía a todos que le acentúen el nombre en la O , sin mucho éxito, no hubiese
llamado jamás a la policía: él estaba marcado y no podía arriesgarse a ser
sospechoso de algo, después de lo que le costó salir de la cárcel la ultima
vez, sobre todo que últimamente estaba dando una imagen mas “correcta” como
empresario editorial.
Hizo
pasar a Magda a un privado elegante, con
un plasma en un extremo, y una pequeña
barra en la otra punta, con vasos y un par de botellas de whisky. No había
ventanas y tenía una muy mullida alfombra.
Ella
miraba con asombro una pared llena de armas, todas con sus descripciones en tablitas
de madera lustrada con pequeñas chapitas de bronce por debajo. Tres teléfonos
sobre la mesa y el control remoto del televisor.
Cuando
se sentaron, él le ofreció un trago que ella rechazó.
-¿Cómo
es que una linda nenita como vos, entre así como así a mi oficina?
-¡No! Solo buscaba el número 8 de Armas de Hoy…y
vos, de manera muy forra…
-¿Perdón?
-Perdón las pelotas, te digo que de manera re forra
ni me viste, y la chica me estaba atendiendo…mal, horrible te diría, pero me
estaba atendiendo…
-¿Vos
me estás diciendo que semejante quilombo es por un fascículo de la revista?
¿Tanto
despelote por eso? ¿Qué? ¿Es para tu papá, o para tu novio?
-No,
mierda,… es para mi!!
Ahí
mismo se dio cuenta que había dicho algo políticamente incorrecto. Trató de
absorber las palabras del aire pero fue imposible. Una mujer y las armas no son
algo bien visto, salvo en las tapas de esas revistas…
-Te
digo que es para mi… para mi…para mi hermano, ¡eso! Que está abajo,
esperándome, y si tardo mucho va a subir a cagarte a trompadas… ¡mejor me voy!
-Pará,
pará, pará…es obvio que la revista es para vos, no soy taaaan boludo…contame: ¿te
gustas las pistolas, los revólveres? ¿Tirás? ¿No traés una ahora, no? –dijo
aumentando el volumen de la voz, asustado-.
-No,
no tengo nada, mirá - Decía al tiempo de darse vuelta los bolsillos,
evidenciando que en realidad no solo no llevaba arma alguna sino que los tenía
absolutamente vacíos.
-En
realidad me empezaron a gustar con la revista. Walter, el tipo del quiosco que
me la guardaba al principio, me dijo que acá podía conseguir el numero 8.
-Ajá…
¿y vos lo que querés es ir a la expo?
-Si,
pero si jodo me voy a la mierda y se meten la revista y su exposición en fondo
del orto…
-Tranquila…
¿Cómo te llamás?
-Magdalena,
pero me dicen Magda.
-Magdalena...mirá
vos…creo que se me está ocurriendo algo…
¿Trabajás? digo, ¿algún lugar que ahora te
están esperando, o donde te paguen algo, sueldo, o eso?
-Soy
doméstica en una casa, me da plata y algo de comida a veces…o ropa vieja…
-Bueno,
yo te ofrezco…a ver… ¿te parecen bien cinco lucas por unas horas a la semana?
-¿Que?!
¿En serio me está diciendo eso? ¿Cinco mil mangos? No me joda…si soy una bestia
yo… nunca vi tanta guita junta…pero, espere, ¿Qué tengo que hacer?
-
Primero te digo que si, que es en serio…tranqui Male.
-MAGDA!
-Ok,
perdón, perdón “MAGDA”…conocía una Magdalena que le decíamos Male…Tomá mi
numero de celu., llamame mañana… ¡no!
Mejor veníte directamente y nos vamos de compras y te explico todo. Te
espero acá a las 10, ¿dale?
Cuando
Magdalena bajó, Nacho estaba sentado en el cordón. La vio y no aguantó:
-
¿Y la revista? ¡No ves que vos sos una boluda al final!
5
-¿Linda
yo?, dejate de joder…
Magdalena
descreía de cada palabra que escuchaba de Óscar.
-Vos,
o querés garcharme o…no sé….que te haga algún trabajito…., pero linda….no.
Estaban
en una de las tiendas más grandes de la ciudad. Allí el nuevo “jefe” era un
habitué. Muchas veces iba con sus chicas para ponerlas a punto antes de alguna
cena, reunión o conferencia de prensa.
-Pero
que tal, señor Óscar… ¿tenemos amiguita
nueva?- se animó a consultar el gerente del salón.
-Mucho
más que eso, Emilio, mucho más.
-No
me diga que encontró la persona que tanto buscaba….
-Algo
así, y creo que si no lo es, estoy muy
cerca, -contestaba al tiempo que miraba a Magda de manera intrigante.-
Increíblemente
Magda se tragó la andanada de puteadas que tenía a punto de brotar de su boca. Hizo
un silencio como contando hasta diez, inventó una muy falsa sonrisa y se animó
a pedirle a Óscar un minutito a solas.
-Me
vas a explicar que carajo hago acá: me siento incómoda, observada…esas forras
me miran como si fuera un bicho raro….y vos encima me decís linda…me quiero ir…
-Pará,
¿otra vez igual que ayer…? Aguantá un
cachito y te explico…después vos decidís si querés quedarte o irte, ahora se
buenita y, se que te va costar, pero probate la ropa, los vestidos que las chicas
te van a ir dando, ¿dale?
Refunfuñó
un poco pero cierta fantasía de las tapas de las revistas de moda del quiosco
de Walter, aunque mínimamente, le tentaban. ¿Cuándo tendría una oportunidad
similar? Tinelli jamás la llamaría a bailar a la tele.
Se
probó 3 prendas, todos vestidos muy llamativos, uno de ellos muy corto, que
Magda se encargaba de estirárselo a la fuerza:
-¡Pero
con este se me ve todo el culo! -reaccionaba sin ningún miedo a ser escuchada
en todo el salón.-
Cada
uno tenía que pasar el visto bueno de Oscar…que terminó eligiendo uno de los
largos, con un gran tajo de costado y sin breteles, rojo intenso.
Después
de firmar algún papel, salieron juntos de manera brusca.
-¿Vos
no me estarás tratando de puta? ¿Qué es lo que querés que haga con este
vestidito de mierda? No sé por que se me ocurrió venir a buscar ese fascículo
chorongo hasta acá…al final mi viejo tiene razón, soy una pelotuda. Y mirá que
para que yo le de la razón a mi viejo, la mano debe ser jodida, eh?
-Calmate,
no te voy a hacer putañar, ni me voy a aprovechar de vos…además, aunque
quisiera, con tu carácter, querida, me darías un voleo en el orto cuando
quisieses….solo ofrecerte una
oportunidad para…¿salir de tu rutina…? y que juntos hagamos negocio, o mejor
dicho, negocios…muchos. Tenéme fe, o paciencia….como quieras.
6
-¿Dónde
está esa pendeja de mierda, decíme Nacho? ¿Donde? Vos sabés… Antunez los vio en
el centro, juntos, boludeando por ahí en vez de estar acá: no se dan cuenta que
estoy enfermo…son unos hijos de puta al final…no sé para que tiene hijos uno…
-Papa,
dejate de hacerte la víctima…no estás enfermo, Magda tiene razón, al final.
-¿Qué
te dijo? ¿Con que te está llenando la cabeza?
-Nada
che, pero vos no estás enfermo, estás tomando mucho, nada más…te vas a morir si
seguís así, pero no querés entender…
-Calláte
y dejáme hacer mi vida, eh?
Desde
afuera se escuchaba el griterío, y más aún cuando Magda abrió la puerta para
entrar.
-Uy Dios!, otra vez lo mismo…una llega a casa
para encontrar el amor y la paz del hogar ¿para esto…?
-¿Volviste?
¿Donde estabas? Acá en el barrio la gente anda diciendo cosas de vos…
-¿Ah
si? ¿Los mismos que dicen que podrías trabajar para mantener a tus hijos? ¿Los
mismos que te dicen borracho? Mirá,
apenas pueda irme de esta mierda, me voy, así que me importa un carajo lo que
digan los demás,… y vos Nacho, tengo que contarte algo… vení para afuera.
El
padre, como pocas veces le había pasado, se quedó sin palabras. Si bien Magda
era difícil, nunca le había parado el carro así, hasta con clase, se diría. Dio
media vuelta, los espió por entre las chapas de la casilla y sintió ahí que
estaba perdiendo a su más ferviente cómplice: Nacho.
7
La
historia del papá de Nacho y Magda no tiene nada que ver con el presente que le
tocaba vivir. Él, aunque sea difícil de creer, es un ingeniero electrónico
recibido en La Plata.
Rebeldías de adolescente prodigio, que recibió el diploma a los
apenas 21 años, y que por malas influencias empezó a trabajar inmediatamente en
una multinacional con muchos privilegios que una empresa, con zonas oscuras,
pudo darle.
Se
le subieron muy rápido los humos cuando le dieron un importante cargo en
Sudáfrica, sin saber que en realidad iba a ser el chivo expiatorio de una
colosal estafa.
Los
planos que presentaba de ideas innovadoras eran aprobados a la velocidad de la
luz, jugosos presupuestos le eran autorizados de palabra, sin mediar contra
alguna, y encima disfrutaba de lujos exclusivos en su vida particular.
Semejantes
beneficios le hicieron desconfiar a todos los que lo conocían muy bien en
Buenos Aires, pero su soberbia lo cegaba…Mujeres, autos último modelo, cenas en
lugares inimaginables eran cosas de todos los días.
Hasta
que una tarde, allá en Ciudad del Cabo, todo terminó.
Allí
encontró la muerte.
8
Óscar
le explicó hasta con detalles mínimos lo que ella debía hacer.
No
era nada complicado, pero no terminaba de comprender
-¿Cómo
que no entendés? Te ponés el vestidito, te maquillás, o le digo a Pato que te
maquille, te acercás a Fergusson, y simplemente le pedís fuego, que te
vea….así….y el resto de la noche la
pasás bien en la expo…¿ok?
-Pero
no vas a decirme que eso es todo para que me dés seis lucas, eso es muy
extraño…
-Primero,
te dije cinco, y en realidad para cobrarlas te tengo una segunda parte…y eran cinco,
no seis… ¿entendiste? no te hagas la viva.
-Ok,
y ahí es donde me embocás, en la segunda parte, donde me tiras al río o algo
así…
-No
boluda, no…hay cosas que todavía no puedo explicarte, pero para decirte algo
más, te digo que ese Fergusson se va a
volver loco por vos…y si sos lo suficientemente putita, y ojo, lo digo como si
dijera, turra o hábil, o viva… si lo sos,
al tipo le sacamos hasta lo que se te ocurra…ponéle onda…tal vez todo lo
mío no sea supertransparente, lo reconozco, pero algo de legal, tiene…
-Mirá,
no soy precisamente muy creyente que digamos, pero voy a rezar para que por
esto no sea boleta…tengo muchas ganas de salir de la mierda….y soy tan estúpida
que lo busco enterrándome mas…
9
-Ese
es el tipo…andá!
La
exposición Armas de Hoy era un ámbito muy exclusivo, donde el visitante sabía
de que se trataba. La entrada era rigurosamente controlada porque el acceso a
esta tecnología era para sectores elitistas. Las únicas que no entendían nada
de nada eran las promotoras, todas mujeres radiantes, enfundadas en conjuntos
sexys para ayudar a la venta de los productos. Entre todas ellas, Magdalena se
destacaba. Era una belleza más natural, y a pesar de la falta de experiencia,
acaparaba miradas de todos lados.
Torpemente
se movió en unos tacos extremadamente altos para ella, y acompañándolo con
gestos exagerados pero insinuantes, disimuló su ignorancia de ser “femenina”.
Se
acercó, le pidió fuego justo cuando salía del auto que lo traía.
Y
él se quedó mirándola embelezado, con curiosidad….le encendió el largo cigarrillo,
y le preguntó el nombre.
Esto
sorprendió a una chica que no tenía mayores instrucciones, y en vez de
contestar, se dio vuelta como buscando ayuda, en una especie de: “¿Qué digo?”
Fergusson
entendió eso como un gesto que certificaba que ella había sido enviada.
Allí
confirmó entonces que Óscar tenía algo que ver….Magda no entendía nada, se
asustó y echó a correr, entrando en el salón donde la exposición de la revista
Armas de Hoy apenas empezaba.
Se
metió en un baño, suspiró unos instantes y salió al encuentro de Óscar, que ya
estaba atendiendo a otros invitados, quien al verla venir hacia él, improvisó
una elegante presentación:
-Perdón,
quiero que conozcan a la que será en breve, la persona más importante de la
nueva etapa de la empresa: se llama Magdalena
y su apellido es…es… ¡increíble mi amor!, te veo tan linda que se me
nubla la mente y hasta se me olvidó tu nombre completo.
Algunos
rieron, y otros no se percataron del detalle, sorprendidos por el afecto que él
le brindaba con sus palabras.
Magdalena
estaba realmente linda, el vestido, casi como un guante de lycra le resaltaba las formas justas hasta con
lujuria, los pezones se le marcaban como dos grandes monedas, y la cola se
adivinaba como si la tela fuese transparente…ella recién allí fue consiente de
los efectos que producía su cuerpo…su pelo, desprolijo porque no permitió
terminar el trabajo del estilista, no le quedaba mal, y hasta le agregaba una
cuota de gesto felino.
-Magdalena,
a secas…los apellidos involucran padres y madres, y yo soy yo, por mí…y por
nadie mas….
Produjo
un silencio muy particular dentro del infierno sonoro del salón…todos
alcanzaron a mirarse entre ellos y cambiar el rumbo de sus miradas.
-¿Si
me disculpan…? -alcanzó a decir Óscar
mientras se la llevaba del brazo hacia
un apartado-.Muy bueno eso del apellido, pero sí te voy a pedir que actúes con
más diplomacia, estas personas son mi futuro, o como les dije a ellos, nuestro
futuro, si trabajamos juntos.
10
Si
alguien no entendía nada de esta nueva etapa de Magda,
era
Nacho.
Más
allá de las explicaciones detalladas de su hermana, él era más de obedecer que
de razonar. La idea de un cambio lo atrapaba pero lo de cortarle el rostro a su
padre lo atemorizaba.
El
lo protegía, más allá de los sopapos que le daba, “te pego porque te quiero”
era común escuchar en esa dolorosa relación. Sin embargo estaba embelezado de
su sabiduría cuando había alguna consulta matemática, donde el papá respondía
enseguida, y entonces Nacho le preguntaba como era que sabía tanto…
“cualquiera
que lo piense un cachito lo saca” decía.
Allí
era casi una constante que el papá, dejando lo que estaba haciendo bajase la
cabeza y disimuladamente oculte alguna lágrima de frustración.
Nacho
había empezado a creer más en su hermana y su nuevo proyecto de vida a partir
de que ella le mostró el vestido, y sobretodo, cuando veía el montón de cosas ricas que compraba en el
supermercado.
-¿En
serio te pagan ese paquete de guita? ¿Y les hablaste de mí? ¿Mirá que yo puedo
serles útil?
-Ya
se, Nacho…ya sé…aguantá.
11
Magda
en su soledad, que encontraba ahora en un lindo barcito del centro, cerca de la
editorial, y donde nadie la molestaba, empezó a pensar en un tema que antes no
se le había presentado: su relación con Óscar.
El,
como todo hombre con poder y con una evidente posición de sentirse un
Pigmaleón, dándole vida a su creación, no había sido aún directo con Magda.
Ella,
con tantas experiencias negativas como adolescente,
donde
lo que sabía del sexo era solo una enseñanza machista violenta y nada
romántica, sentía que Oscar, con sus gestos interesados aunque dulces, le
transmitían “cosas”.
El
hecho de no saber mucho de ser femenina la motivó para investigar. La mujer que
habitualmente la maquillaba y le sugería que ponerse y que no, le terminó
cayendo bien.
Así
haciéndose la distraída en una de esos encuentros previos a las reuniones, tiró
una frase que Pato, tal como la llamaban, no pudo evitar contestar.
-
Que cosa esto de arreglarse y arreglarse…acaso cuando un tipo se decida a
metérmela, ¿le va a importar el color de mis uñas?
-De
la manera que lo decís parece que… ¿vos me estás diciendo que todavía no….? ¿En
serio? Yo me re imaginé que con Óscar ya
habías estado… ¡no te puedo creer!... ¿vos nunca, nunca…a ver…nunca tuviste
sexo?
-Bueno,
nunca nada, no –intentó mentir- …bueno, si…no lo grites por ahí, pero nunca
hice nada.
Pato
comenzó a reír, ante una cara inédita de Magda, que se estaba arrepintiendo de
haber sido tan confiada.
-Perdoname
loca, no me río de vos…me río de la calentura que debe tener Óscar, que todavía
no se te tiró encima. Me parecía que estaba distinto con vos, pero imagináte, se ha cogido todo lo que tenga
agujero, y sin embargo, con vos, ¿nada?
-Bueno,
tampoco es para tanto, soy chica todavía, cortala…y vamos que se hace tarde…y
por favor, bancame: no digas nada a nadie de esto.
-Confiá
en mí. Y lo más importante, preparáte que acabás de contratar a una maestra de lujo, mi estimada.
-Mirá
que yo no te pedí nada, eh?
